domingo, 14 de diciembre de 2014

Capítulo 31



Los días siguientes, Charlotte estuvo en tensión cada minuto de cada hora porque trataba de conseguir todos los datos del móvil de Paul para darle el cambiazo sin que se enterase. Más de una vez estaba tan nerviosa que tiraba objetos sin querer y se tenía que inventar excusas absurdas.
A principios de Agosto, Charlotte se presentó en casa para pedirme que la acompañara a abortar, ya lo tenía decidido.

-¿Estás segura? ¿No te arrepentirás? – le pregunté preocupada.
-Sí, creo que es lo mejor. Si tengo un bebé de ese hombre, no podré mirarle con buenos ojos después de lo que me hizo.
-Está bien, pues vayamos a la clínica.

Mientras llevaba a mi mejor amiga en el coche hacia la clínica, no dejaba de mirarla cuando podía de reojo. Intentaba mantenerse fuerte, pero yo sabía que en el fondo estaba bastante destrozada. Ella había estado enamorada de Paul, y si él no hubiera cambiado tanto, habría tenido al bebé a pesar de ser pronto para ella.
Pronto aparqué en una calle de Brooklyn donde estaba la clínica. Charlotte tenía ya cita, asíque no tuvimos que esperar demasiado. Ella me pidió que entrase para agarrarle de la mano mientras le practicaban el aborto, a lo cual no me negué porque sabía que necesitaba apoyo.
Estuvimos un par de horas hasta que Charlotte se recompuso un poco y pudimos volver al coche. Se la notaba bastante triste y era normal, pero necesitaba que estuviera como siempre porque Paul no se podía enterar aún de lo que ella había hecho.

-¿Tienes hambre? – pregunté.
-No, ahora mismo nada.
-¿Quieres que vayamos al cine a ver esa película de comedia que tanto te apetecía?
-No, no me apetece – volvió a rechazarme.
-Pues…iba a ir a Brian Atwood y a Louboutain a por dos pares de zapatos, ¿te apetece probarte alguno?
-Bueno, te acompañaré.

Charlotte estaba mustia, pero nunca había rechazado el ir de compras, asíque sonreí cuando dijo que vendría conmigo, al menos se distraería de sus pensamientos.
El personal de la tienda de Dolce & Gabanna no daba a basto, les dije expresamente que no dejaran de sacarle ropa y complementos a Charlotte para que no pensara en nada que no tuviera que ver con su marca de ropa favorita. Mi tarjeta de crédito, o más bien la que compartía con Michael, echaría bastante humo, pero cualquier cosa me parecía poco ahora para mi mejor amiga. Se me pasaba por la cabeza que si estuviera en su lugar, yo misma no habría sido capaz de abortar, pero evidentemente no sabía lo que ella sentía ni lo que era vivir con Paul, asíque no le dije nada sobre lo que yo pensaba.
Al volver a casa, Eric estaba sentado en el sofá con Allison y Cole, quienes estaban decidiendo los preparativos de su próxima boda. Eric se levantó de inmediato al ver a Charlotte, quien tenía mala cara como de estar enferma.

-¿Estás bien, Charlotte? – preguntó Eric.
-No, pero ¿podrías ayudarme a ir a la habitación de invitados y prepararme una sopa de pollo? Te lo agradecería muchísimo. – dijo Charlotte mientras le daba la mano a Eric.
-Por supuesto, vamos, te ayudaré.

Charlotte y Eric desaparecieron por el pasillo y yo me fui a sentar con Allison y Cole después de dejar una ingente cantidad de bolsas de las compras en la entrada.

-¿Cómo os va con los preparativos? – pregunté sonriente.
-Muy bien, ya hemos pedido fecha y sitio en la iglesia, también reservado un buen salón en un hotel y nos queda pues los menús, los invitados y las decoraciones – dijo Allison encantada.
-Sí, esto es lo más difícil para mí porque yo no entiendo de flores y manteles – dijo Cole un poco frustrado.
-Tú déjame a mí con eso, que las chicas sabemos hacer esas cosas – respondió Allison.

Michael llegó poco después y cenamos todos juntos, menos Charlotte y Eric, que no habían salido de la habitación desde que entraron. Cerca de la medianoche, cuando casi hubimos acabado la lista de invitados, Allison y Cole se fueron a dormir a su apartamento.
Michael y yo fuimos a ver cómo estaba Aubree después de haberla dejado todo el día con Marie porque habíamos estado ocupados. Ella dormía plácidamente en su cuna rosa repleta de sus juguetes y peluches favoritos, era lo más parecido a un ángel que había visto.
Ya en nuestro dormitorio, nos pusimos el pijama y nos metimos en la cama, había sido un día bastante largo y triste para mí por lo de Charlotte.

-Princesa, desde que he llegado no has sonreído ni una sola vez, excepto cuando has visto a Aubree, ¿te ocurre algo? – me preguntó Mike.
-Hoy he acompañado a Charlotte a una clínica para que le practicasen un aborto, ha sido un poco terrible para mí y supongo que para ela también.
-Dios mío, ¿está bien?
-Sí, sí, ha ido a descansar a uno de los cuartos para invitados, Eric la está cuidando- dije apenada.
-No sé cómo debe estar Paul.
-Paul no sabe nada, lo ha decidido ella sola asíque no le digas nada hasta que no se lo comente ella, ¿de acuerdo?
-¿Qué? ¿Cómo le escondéis algo así? – preguntó Mike un poco enfadado.
-Porque Paul no es lo que parece, ella no es feliz con él, además le ha hecho algunas cosas imperdonables.
-¿Qué cosas?
-No sé si debería contártelo, pero Paul tiene dos caras, de eso sí que puedes estar seguro – dije con una mirada despiadada.
-Cariño, ¿por qué no me cuentas esas cosas? Soy tu novio y el padre de tu hija, estamos juntos y somos una pareja, tengo que saber cómo estar y en las cosas que te metes para poder ayudarte y apoyarte, no quiero que me dejes de lado – se explica Mike.
-Lo sé, pero no es algo mío, sino de Charlotte y no sé si le gustaría que alguien más se enterase, ¿entiendes?
-Sí, sé que estás con Charlotte en esto, pero por favor, aléjate lo que más puedas de Paul – me advierte Mike.
-¿Qué? ¿Por qué?
-Porque….porque si ha hecho cosas imperdonables como tú dices, no será buena persona, asíque no quiero que estés cerca de él.
-Créeme que lo último que quiero es estar cerca de él, pero primero tengo que ayudar a Charlotte – dije decisivamente.
-Pues ayúdala, pero con cierto límite sobre Paul. No quiero que te hagan daño, ya lo sabes.
-No me hará ningún daño, tranquilo – dije abrazándome a Mike.
-Bueno, ahora durmamos, que ha sido un día largo.

Nunca había visto que Michael fuera en contra de Paul, pero ahora había sido el momento. Aunque me resultaba extraño que de repente dijera que no me acercase a él porque, que yo supiera, no tenía pruebas de no fuera una persona de fiar. Entonces me vino a la cabeza las fotos que Bruce me enseñó de la reunión entre Michael, Paul y varias personas más, ahí sería cuando Michael se daría cuenta que Paul no era trigo limpio. A pesar de lo que me dijera mi novio, yo tenía que seguir ayudando a Charlotte, no podía dejarla sola con aquel hombre.
A la mañana siguiente, Eric salió a trabajar sin decir nada a nadie, asíque me fui a la habitación con Charlotte para hablar y hacerle compañía.

-¿Te encuentras bien? – le pregunté.
-Bueno, estoy dolorida aún, pero Eric me dio unos calmantes, asíque respecto a eso estoy mejor.
-Pero, ¿mentalmente?
-Sé que puedes pensar que soy horrible por no tener al bebé, pero la sola idea de saber que ha sido todo una farsa por la presidencia del país…no quiero tener nada de Paul, no sé si me comprenderás – se deshaogó Charlotte.
-Te comprendo. No pienso que seas horrible, sé que tienes tus motivos. Por mucho que intente ponerme en tu lugar no soy capaz de pensar lo que estarás pasando. Quizás yo no hubiera abortado, pero es que es evidente que yo no estoy con tu lugar, por eso no te voy a juzgar.
-Muchas gracias, la verdad que no sé qué haría sin ti. Mis padres están tan felices porque esté con Paul que nunca me hubieran apoyado en el aborto.
-Lo sé, Paul les encanta, pero por ahora que no sepan nada. Lo primero es que te repongas, vuelvas a estar fuerte y al pie del cañón para desenmascarar a tu marido – dije convencida.
-También he de contarte algo. Verás…yo he estado tan mal con Paul que he estado apoyándome también en Eric y…nos hemos besado, acostado…en fin, ya me entiendes.
-¿Un amante?
-Sí, eso es. Él me ayuda mucho, me da esperanza, ¿sabes?
-Charlotte…quizás eso te meta en más problemas, tienes que tener cuidado de que Paul no se entere, sino será peor – dije asuatada.
-Sé que nadie se puede enterar, pero quería que al menos tú lo supieras, por si algún día vieras algo entre nosotros.
-De acuerdo, y la verdad, me parece bien que intentes ser feliz después de lo que se ha convertido tu matrimonio.
-Gracias – dijo sonriendo Charlotte.

Eric era buena persona y quería a Charlotte, de hecho que apareciese el día de su boda con Paul para intentar que no se casara con él, decía mucho sobre sus sentimientos hacia ella. Ahora, aunque está casada, podría tener esa relación amorosa que desde entonces había querido tener con ella y yo me alegraba por ello.
Días después, Robert y Kevin llegaron eufóricos a casa mientras le daba de comer a Aubree. Iban trajeados, como siempre y reían a carcajadas, se habían hecho amigos pese a su mutua competencia en el pasado.

-¿Qué demonios ocurre? ¿Por qué estáis tan de risitas? – pregunté.
-Bueno, a pesar de tu lánguido recibimiento…estoy muy exitado y queremos contagiarte de alegría – dijo Robert.
-Sí, queremos comunicarte que la editorial está publicando ya ¡tu décima edición del libro! – gritó Kevin.
-¿Qué? ¿Décima? ¿Qué significa eso?
-Significa, preciosa, que ya has vendido más de 16 millones y medio de copias – respondió Robert echándose una copa.
-¿Tanto? ¡Eso es increíble! – dije entusiasmada cogiendo a Aubree y abrazándola.
-Eso no es todo – dijo Kevin – nos dijeron los de la editorial que había peticiones para que tu libro llegase a más lugares del mundo, asíque han tenido que traducir tu libro, por ahora, a diez lenguas diferentes.
-¡Dios mío! ¿Cómo puede ser? ¡No me esperaba todo esto! ¡Estoy alucinando!
-Y por último, pero no menos importante, quería ser yo quien te diese tu primer cheque del libro – dijo Robert tendiéndome un papel para que lo cogiera.
-Esto debe de ser una broma, no puede haber tantos ceros en este cheque – dije con los ojos como platos.
-Pues no es ninguna broma, a veinte dólares el libro, cinco dólares son para la editorial y quince para ti, puedes calcularlo si quieres, esos 250 millones de dólares son tuyos – dijo Kevin.
-¡Tenemos que celebrarlo! Laura, sé que eres preciosa, pero ponte algo más apropiado que un pijama para irte con nosotros a celebrarlo – dijo Robert.
-Sí, tenemos que celebrar que has tenido muchísimo éxito.
-Pero… Jamás pensé que esto fuera a ser un libro tan vendido, un best seller, increíble – dije con la boca abierta.
-Y esto no ha acabado aún, Laura, van por una décima edición, cada edición tiene dos millones de copias, seguirán haciendo más porque siguen pidiendo en las librerías mucho más. Aparte, tenemos apalabradas muchas entrevistas en la televisión, revistas y periódicos. Seguramente esos 250 millones de dólares no sea ni la mitad de lo que ganarás de aquí en adelante con tu libro – dijo Kevin.
-Esto es demasiado trascendental como para asimilarlo en cinco minutos, necesito tiempo y necesito contárselo a Mike. Pero lo que sí se es que os tengo que dar las gracias por haber trabajado tanto para mí y haberme dado tanto éxito – dije agradecida.
-No te pongas melancólica, anda, que a mí me gusta la alegría, además no quiero que llores sobre mi traje de Gucci – dijo Robert riendose por haber dicho tal broma.

Después de aquella sorpresa, cogí el teléfono para decirle a Michael todo lo que había pasado. Él se emocionó muchísimo y dijo que iba a dejar StanfordTech hasta mañana para venir a celebrarlo con nosotros. Robert y Kevin empezaron la fiesta ya en casa abriendo una botella del whiskey más caro que tenía Michael en el bar. Marié preparó unos canapés y comida ligera para que comiéramos antes de beber tanto mientras ella cuidaría de Aubree. Mandé un mensaje a Charlotte también con la buena noticia para que se viniera con nosotros, asíque apareció en casa mientras yo me duchaba. Robert le lanzó varias indirectas sobre lo provocativa que iba y le sirvió una copa.
No sabía qué ponerme para celebrar algo así, asíque pedí consejo a Charlotte, ella siempre había sido la persona idónea para elegir vestuario. Sacó del armario un vestido negro, corto y ajustado de Balmain con dibujos dorados étnicos a su alrededor y, además, unos zapatos de tacón fino de Nicholas Kirkwood con tiras doradas en círculos y horizontales que hacía poco Michael me había comprado.
Ni siquiera me había percatado de que tenía esos zapatos, ya que desde que vivía con Michael mi vestidor era más grande que toda mi habitación de Los Ángeles.
Media hora después ya estaba preparada para poder irnos a celebrarlo, pero no sin antes escuchar varios piropos de Robert, Kevin y Michael sobre mi imagen tan sugerente.

-No sabía que tenías esa ropa en tu armario – me dijo Mike con una sonrisa.
-Pues no eres el único, ha sido Charlotte quien se ha metido en esa selva de ropa – dije riéndome.
-Estás bastante sexy, quizás debería echar un vistazo de vez en cuando a tu vestidor para eliminar algunos complementos y que no estés tan provocativa – me dijo al oído – ten cuidado que no me entren ganas de hacerte el amor en algún lugar público.
-Primero tendrás que vigilar que nadie más se quiera poner a la cola para hacerme el amor, jajaja – dije pícaramente.
-En ese caso estaré toda la noche pegado a tu estela, princesa – dijo Mike pellizcándome el trasero.

En la calle nos esperaba un taxi, el cual nos llevó a un buen restaurante donde no habíamos hecho reserva pero que, nada más entrar Michael por la puerta, nos ofrecieron escoger un lugar.

-Bueno, creo que debemos pedir el champán más caro que haya, ¿no? Además, paga Laura, ¡pidamos todo lo que queramos! – rió Robert.
-Aún no me creo que tenga tanto dinero, es inconcebible, en serio – dije tomando un sorbo de agua.
-Te acostumbrarás, y no te preocupes, te acompañaré cada vez que vayas de compras para asesorarte, porque compras lo que te gusta sin saber combiar, ¡un suicidio! – dijo Charlotte.
-Sabes de sobra que nunca he sentido curiosidad por eso de la moda, me pongo lo que pillo. De hecho, aún tengo en mi armario mis pantalones vaqueros preferidos de una tienda de barrio – dije arqueando las cejas.
-Porque no lo he visto, sino te lo quemaría – dijo Charlotte.
-¡Ni se te ocurra! – dije enfadada.
-Ahora te podrás comprar todos los vaqueros que quieras, da igual que te los queme – dice Kevin.
-Son mis favoritos, que nadie se acerque a mi armario – dije con los ojos achinados mirando fijamente a cada uno de los presentes en forma de amenaza.

La cena fue muy divertida y llamábamos bastante la atención entre los comensales, pero nos daba lo mismo, nos lo estábamos pasando bien entre nosotros. Al salir del resturante fuimos al Webster Hall y cogimos un reservado VIP para estar a gusto nosotros solos, aunque poco después Charlotte y yo fuéramos el centro de la pista redonda donde estaba todo el mundo.
Decenas de lunes intermitentes y permanentes alumbraba la discoteca, unos confetis salieron al vuelo de dentro de unos cañoles y la música no podía estar más alta. Robert y Michael se acercaron a nosotras poco después mientras veía que Kevin se había parado a hablar al borde de la pista con una chica morena, la cual llevaba un vestido bastante transparente que no dejaba espacio a la imaginación. Kevin no había sido nunca ligón, pero estaba claro que había dejado atrás esa imagen de chico bueno porque ahora tenía varias armas escondidas para llevarse a cualquier chica a su casa.
Michael me cogió de la cintura y bailó conmigo, mientras que Robert y Charlotte se reían mucho pegados el uno al otro. Robert había conseguido integrarse muy bien en la familia y ya le queríamos como uno más, a pesar de su forma de ser tan narcisista. Hacía muy bien su trabajo y, gracias en parte a él había conseguido que mi libro fuera un éxito y fuera muy reconocido.
Pero, sin embargo, en la tercera canción que bailábamos, vi a Charlotte y Robert besándose apasionadamente a nuestro lado. ¿Qué demonios hacen?
A Charlotte parecía gustarle lo que estaba haciendo pero, ¿se estaría acordando de que estaba con Eric a escondidas de Paul? Me entraron ganas de separarlos, e incluso Michael se quedó sorprendido por aquella imagen, pero ninguno de los dos les dijimos nada, no era momento para una escena. Por otro lado, Kevin y la chica morena también estaban liados, asíque Michael y yo nos reímos e hicimos lo mismo.
Ya bien entrada la madrugada, salimos del club y fuimos a pedir un taxi a la calle. Charlotte y Robert estaban abrazos y haciéndose carantoñas, pero a decir verdad, no parecía que estuvieran muy ebrios. En cambio, Kevin era todo lo contrario; la chica con la que se había liado le tenía que sostener para que no se cayera al suelo mientras gente alrededor se reía de él.
Había mucha gente pidiendo un taxi, asíque no era tarea fácil conseguir uno para volver a casa.

-Quizás podría llamar a Walt para que viniera a recogernos con la limusina – dijo Mike sacando su teléfono móvil del bolsillo interior de su chaqueta.
-¿Vas a molestar ahora a Walt? Debe estar durmiendo – le dije negando con la cabeza – y, además ¿también tienes una limusina?
-Claro, pero no la suelo utilizar, es sólo para actos importantes.
-Cada día me entero de algo nuevo sobre ti – dije sonriendo.

Poco después, un coche negro reluciente paró frente a nosotros en seco y casi se lleva por delante a un par de chicas que cruzaban la calle. De aquel vehículo salieron dos hombres bien grandes y trajeados de negro con gafas de sol, se acercaron a donde estábamos y separaron a Charlotte de Robert bruscamente. Entonces, vimos que Paul salía de la parte trasera del coche, también vestido con un traje y con una sonrisa de suficiencia.

-¿Qué está ocurriendo aquí? – preguntó Mike alertado.
-He venido a recoger a mi mujer, ¿hay algo de malo en eso? – dijo Paul acercándose lentamente hacia nosotros.
-Pues no, pero tienes una forma muy extraña de ir a recoger a la gente, ¿para qué tanta seguridad si es tu mujer? – preguntó Robert.
-A ti no tengo que darte ninguna explicación sobre cómo hago lo que hago, y mucho menos habiéndote liado con mi esposa – respondió Paul mientras hizo un gesto a sus hombres y, uno de ellos, fue hasta Robert y le dio un puñetazo en el estómago y la mejilla.
-¡Qué haces! – grité al mismo tiempo que Mike iba hacia Robert para ayudarle a levantarse.
-Charlotte es mia, no puedo permitir que venga un tipo y se líe con ella como si nada, ¿no crees? – dijo Paul sonriendo.
-Chicos, no pasa nada. Id a casa, ya nos veremos – dijo Charlotte tras ver aquella escena.
-Pero Char… - dije rápidamente, pero Paul me interrumpió levantando el dedo índice de su mano.
-Ya la has oído. Iros de aquí, yo me haré cargo de ella. Pero estoy dudando si la volveréis a ver – comentó Paul mientras se subía al coche y, acto seguido, sus hombres metían a Charlotte en el coche y ellos se iban también en él.

martes, 25 de noviembre de 2014

Capítulo 30



-Buenas noches cariño, buenas noches a usted también señor. ¿Quieren una taza de té o alguna otra cosa? – dijo Charlotte intentando ver al hombre del abrigo negro que estaba de espaldas a ella.
-Disculpe… ¿Charlotte? ¿Qué haces aquí? ¿Y el mayordomo? – preguntó Paul por lo bajo con tono enfadado.
-Estaba haciendo cosas y me ofrecí para ayudarle, ¿es que no me vas a presentar?
-Sí eh…Charlotte, éste es Charles Rodgers, es quien dirige mi compaña electoral.

Por fin Charlotte consiguió conocer a Charles Rodgers. Era un hombre moreno, con el pelo como si lo tuviera recién cortado milimétricamente, ojos azules, alto y de complexión normal a musculada. Tenía una expresión dura pero se tornó en una sonrisa cuando ofreció su mano a Charlotte para saludarla. Notó su mano fría y fuerte frente a la calidez de Charlotte.

-Encantado de conocerla, señora Abramson – dijo Charles cordialmente.
-Igualmente, señor Rodgers.
-Llámeme Charlie ahora que nos conocemos formalmente.
-Oh, está bien. Entonces usted llámeme Charlotte en ese caso – dijo Charlotte son una sonrisa.
-Cariño, si no te importa querríamos seguir en nuestra reunión – dijo Paul impaciente.
-Claro, sí…pues, estáre leyendo en la habitación. Y encantada de nuevo, Charlie – dijo Charlotte yéndose de la habitación.

A la semana siguiente, comenzó el lanzamiento de mi novela “La llama azul”. Estaba muy nerviosa y emocionada, deseando saber la aceptación que tendría entre el público. Robert trataba de tranquilizarme con una infusión de hierbas que él mismo había preparado.

-Ahora mismo no hace falta que estés así, los resultados no los sabremos hasta dentro de unos días – dijo Robert dándome una taza de su infusión.
-Lo sé, pero ¿y si nadie quiere leer mi novela? Sería un fracaso rotundo.
-Laura, tengo un gran proyecto para dar a conocer tu novela y créeme, se pelearán por ella. A los pocos que la hemos leído hasta ahora nos ha encantado, ¿por qué crees que a los demás no les gustaría? ¡Es de locos!
-Sí, entiendo, ¡pero no puedo dejar de pensarlo! – chillé.
-¿He de darte una bofetada para que se te quite la histeria? Porque me encantaría hacerlo, sería como una experiencia sado, siempre he querido probar…
-¡Robert! ¡No digas esas cosas obscenas! ¡A veces no sabes cuándo has de parar de hablar! – dije ruborizada.
-Vale, vale…Oye, otra cosa, yo organizo todo el tema publicitario y tal, pero quizás necesitaríamos a alguien que tuviera buenas amistades para conseguir adentrarte en espacios publicitarios más importantes, cadenas de televisión…yo tengo amigos, pero una ayuda nos vendría bien.
-¿Te refieres a un relaciones públicas?
-Sí, eso exactamente.
-Bueno, precisamente conozco a alguien que podría hacer ese trabajo, es Kevin Adams, un buen amigo de la infancia – dije mientras daba otro sorbo de infusión.
-¡Kevin Adams! Le conozco, es muy bueno, he rivalizado muchas veces con él en el tema de captar clientes, pero si trabajamos en equipo seremos imparables.
-De acuerdo, le llamaré para que venga.
-¡Dile que traiga una mascarilla de algas! Necesito un tratamiento de esos ahora mismo, mi cara no aguanta tanto estrés sin lujos – dijo tan campante Robert.

Kevin llegó a casa y Robert le explicó para lo que le necesitábamos, a lo que él estaba totalmente dispuesto. Charlotte vino a verme sin haberme avisado, se la vía muy nerviosa, asíque la llevé a mi habitación.

-Laura, ya he estado con Charles Rodgers, el de la campaña de Paul.
-¿Sí? ¿Y has averiguado algo de lo que planean? – dije impaciente.
-No, sobre eso no, pero tuve tiempo para coger el teléfono de Paul y guardar todos sus números en ésta tarjeta de memoria. Casi me pilla pero he conseguido irme antes de que llegara.
-¡Eso es estupendo! Ya sólo tienes que mirar las aplicaciones y los mensajes y podremos falsificarlo todo.
-Sí, eso es bueno. Oye, tenía que decirte otra cosa sobre mí, importante. Quería que me ayudaras… - empezó a decir Charlotte pero un portazo nos distrajo. Bruce había entrado apresuradamente en la habitación sin siquiera llamar.
-Estáis aquí, bien, tengo que contaros algo. Es sobre el tema de Paul – dijo Bruce rápidamente.
-¿Es importante? Porque estaba aquí hablando de algo con Laura – dijo Charlotte.
-Lo es. Uno de mis investigadores ha podido decirme que tú novio, Laura, también acude a las reuniones de los miércoles con Paul.
-¿Cómo? ¡Eso es imposible! ¡Michael no haría nada malo! – dije incrédula.
-Pues aquí te traigo fotos. Entró con Paul en el edificio, se reunió con el grupo ese que tanto deseamos saber qué planean – dijo Bruce poniendo varias fotos sobre la cama.
-No puede ser que Mike esté también en el ajo. ¡Y yo que le tenía por un buen hombre! – dijo Charlotte mirando las fotos.
-Debe haber alguna buena explicación para todo esto… - dije con lágrimas en los ojos.
-Por ahora todo apunta a que trabaja con ellos, Laura. He venido a decírtelo en cuanto me he enterado para que tengas cuidado con lo que haces o dices – adviertió Bruce cuando recogía las fotos que nos había dejado – y ahora me voy, tengo que seguir trabajando.
-¿Este hombre nunca descansa o qué? – dijo Charlotte cuando Bruce ya se había ido.
-No me puedo creer que Mike haga algo así, no, es que no lo creo, debe ser un error – dije muy triste.
-Hombre, podría haber una explicación, pero te ha dado fotos de varias reuniones, no es que fuera un día casual.
-Lo sé, pero necesito creer que él no puede hacer eso, le quiero con toda mi alma.
-Te entiendo, y está bien quererle tanto, no obstante es necesario tomar precauciones, no debemos hablar de este tema aquí, quien sabe si habrá micrófonos o cámaras como en mi casa – dijo Charlotte aterrada.
-Está bien. Estoy destrozada ahora mismo. Él es la persona en quien más confiaba, a pesar de no contarle lo que pasa entre tú y Paul y que hablo con Bruce, pero en el confiaría mi vida, ¿entiendes?
-Si, pero debemos averiguar qué está pasando primero. Así sabremos la magnitud del asunto en que está metido y así podremos ayudarle a razonar.
-Eso tendremos que hacer. ¿Qué me ibas a decir antes que era tan importante? – le pregunté.
-Ah, pues que había decidido ir a abortar.
-¿Qué? ¿Estás segura? Porque una vez lo hagas no habrá vuelta atrás. Piensa que podría ser un bebé precioso…
-Sé todo lo que hay que saber. Pero no puedo tener un bebé de alguien como él, simplemente porque miraría a mi hijo y vería al hombre al que odio. No sería bueno para mí ni para el niño, asíque por eso lo he decidido – zanjó Charlotte.
-Muy bien. ¿Para cuándo has pedido cita?
-No es tan fácil. Ya sabes lo que ocurrió con las pastillas anticonceptivas. Paul no se debe enterar de nada, cuanto más tarde sepa que el bebé no existe más tiempo tendremos nosotras de averiguar qué está pasando. Porque créeme que cuando lo entere de lo mío, querrá matarme.
-¿Estás loca? Claro que no va a querer matarte, pero supongo que sí se enfadará muchísimo.
-Sí, no sabes cuánto se enfadará. Y cuando se enfada es capaz de lo peor – avisó Charlotte.
-Vale. Pues, pediré cita con un ginecólogo privado con un nombre falso, y quizás haya que sobornarle.
-Haremos lo que sea necesario.

Tras haber sabido lo que estaba haciendo Michael, me vine abajo. Él era todo para mí y no podía creer que estuviera aliado con Paul en cosas ilegales porque él no necesitaba hacer nada ilícito para conseguir algo, él era trabajador y lo conseguía con su propio esfuerzo.
Unos días después la editorial nos llamó diciendo que la primera edición ya se había agotado, por lo tanto, ya estaba en proceso la segunda. Eso significaba que mi libro había tenido mucho éxito y había vendido en su primera semana medio millón de copias. Robert me dijo que tras hablar con la editorial, habían tomado la decisión de que la segunda edición tuviera, al menos, dos millones de copias, cosa que me parecía increíble. Pronto nos empezamos a movilizar, acudimos a varios programas de televisión para que me entrevistaran, así como a las revistas y periódicos más populares. Robert y Kevin no daban abasto, cada día me traían una cita para acudir a alguna revista o, incluso, a fiestas de personalidades famosas. Aquella fue una gran intrusión en el mundo del famoseo, del cual Michael ya sabía bastante. Michael estaba muy contento por mí, cada día me preguntaba cuántos ejemplares más había vendido y nos llevó a cenar a un sitio donde Aubree pudiera divertirse mucho.
Pronto iba a cumplirse un año del nacimiento de nuestra hija, asíque planeamos hacerle una fiesta en casa con la familia. Michael dijo que él se encargaría de todos los preparativos, asíque yo estuve ayudando a Charlotte con lo del aborto. Intentaba buscar algún médico que fuera de fiar o, por el contrario, fácil de chantajear. Tardé en conseguir uno, pero le tuve que dar cincuenta mil dólares por adelantado y otros cincuenta después de haber concluído la operación, pero todo era por petición de Charlotte. Su aborto estaba programado para finales del mes de Julio, asíque tenía tiempo de prepararse mentalmente.
El día del cumpleaños de Aubree, nos reunimos todos en casa de Michael, menos William y Tess, quienes tenían que estar en Denver para una boda de uno de los mejores amigos de William.
Michael había mandado decorar el salón con toda clase de serpentinas, globos, estrellas y pancartas rosas y doradas. Cada vaso y botella tenían una foto familiar de Mike, Aubree y de mí juntos, cosa que me resultó adorable. Mi mente tenía un conflicto horrible desde que Bruce me dijo que Michael estaba en el mismo bando que Paul. Por un lado le odiaba por ello, pero por otro le quería más que a mi vida, como lo había hecho siempre desde que le conocí.
Pero aquel día era sólo para pensar en mi hija. Me vestí con una minifalda amarilla de tubo de Armani con una blusa escotada morada. Cogí unos zapatos morados de Brian Atwood, un cinturón para la cintura y varias joyas combinadas. Me peiné y maquillé e inmediatamente me puse a preparar a Aubree. Normalmente vestíamos a la niña como cualquier infante, pero de vez en cuando rompíamos la norma e iba más moderna, y ese iba a ser uno de esos días. Charlotte fue la primera en llegar a casa, aparte de Michael. Trajo un regalo enorme que dejó en la mesa del salón, cogió un vaso de champán para beberlo de un trago.

-¿Qué haces, Charlotte? ¿No se supone que no puedes beber? – preguntó Mike.
-No debería, pero es que llevo  dos meses sin probar una copa de nada. Asíque me lo merezco, no me eches la chapa.
-Yo sólo lo decía por tu bien y el bebé, no es que tenga nada en contra tuya.
-Lo sé, siento haberte respondido así. Deben ser las hormonas – dijo Charlotte disculpándose.

Al cabo de un rato ya habían llegado Kyle, Eric, Kevin, Robert y Allison con su nuevo novio Cole, con lo cual comenzó la fiesta. Cole parecía un buen tipo, divertido y amable, pero lo importante era que Allison estaba encantada con él, no se habían despegado ni un día desde la fiesta de cumpleaños de Charlotte. Michael trajo la tarta, que era una carroza de cenicienta hecha con bizcocho, crema y fondant. Después de cantarle el cumpleaños feliz, Aubree sopló la vela con el número uno y se quedó fascinadaba aplaudiendo. Una vez le dimos los regalos se quedó entretenida sin hacer caso a nadie, sólo a sus juguetes.
Charlotte siguió bebiendo pese a las miradas que Michael le echaba, pero le daba igual, ya que sólo ella y yo sabíamos lo que había decidido sobre su embarazo.

-Tengo una noticia que daros a todos, ¡venid! – dijo Allison sonriente.
-¿De qué se trata? – preguntó Eric.
-Quiero que estéis igual de feliz que estoy yo, asíque quería compartir hoy que estamos todos que Cole y yo estamos prometidos – dijo Allison enseñando un bonito anillo.
-¿Qué? ¡Pero si os acabáis de conocer! – gritó Eric.
-Lo sabemos, pero estamos muy ilusionados y felices, queremos que vengáis todos y compartáis nuestra felicidad – dijo Cole.
-Lo siento, pero por ahora no puedo aceptarlo, os acabáis de conocer, no es normal – concluyó Eric.

Todos pensábamos que era muy rápido, pero si eran felices era lo único importante. Eric no pensaba igual, asíque se enfadó y se puso a beber de una botella de whiskey. Aquella no fue una buena noche ni para Charlotte ni para Eric, pero los dos se juntaron para beber y ahogar sus penas en alcohol.

-No sabemos nada de ese tal Cole y ella ya se quiere casar con él, es que no lo entiendo – dijo Eric.
-Bueno, se ha enamorado, déjala vivir. Ha estado tantos años mal que ojalá y se haya acabado esa mala racha. Quizás Cole haga que esos malos años desaparezcan, eso es lo que tienes que pensar – dijo Charlotte sirviéndole otro chupitos más.
-Y Mike debería enfadarse también. Los dos nos hemos preocupado por Allison siempre y dejarla hacer esto así como así sin conocer a ese tipo…me parece un suicidio.
-No creo que a Mike le haga mucha gracia, pero sí que se ha guardado lo que él piensa porque sólo quiere lo mejor para su hermana, y lo mejor es apoyarla.
-Esto es insólito. Verás cuando se enteren nuestros padres. ¿Y tú por qué estás mal? – preguntó Eric.
-Yo…Bueno, creo que ya sabes que estoy embarazada de Paul.
-Pues sí, lo sabía, y enhorabuena, por cierto.
-Gracias. Pero no estoy nada contenta, fue un accidente, yo no quería tener un bebé ahora.
-Pero si sois un matrimonio, podéis tener todos los hijos que queráis.
-Lo sé, pero no soy feliz con Paul – confesó Charlotte.
-¿Qué? Pero…si parecías enamorada.
-Sí, lo era. Pero poco a poco he ido descrubiendo cosas…él ha cambiado mucho.
-Bueno, aquí me tendrás para ayudarte en lo que sea, ya lo sabes – dijo Eric.
-Necesito…te necesito a ti.
-Aquí me tienes ahora mismo.

Charlotte se abalanzó sobre Eric y le besó. Él se sorprendió pero no retrocedió ante aquel beso, al revés, le encantó. Había estado deseando besar a Charlotte y estar con ella desde hacía meses, pero ella había decidido casarse con otro hombre. A pesar de eso, le daba igual que estuviera casada, en aquel momento él era feliz y ella también, asíque se fueron a la habitación de Eric sin que nadie los viera y se acostaron juntos.
Aubree se estaba quedando dormida sobre las nueve de la noche, asíque Michael y yo fuimos a acostarla a su habitación.

-Parece mentira que haya pasado un año desde que Aubree nació. Jamás olvidaré ese día, fue el día más feliz de mi vida porque tuvimos a nuestra pequeña y, además, volvimos a estar juntos – dijo Mike entrañablemente.
-Lo recuerdo como si fuera ayer. Me puse furiosa con Charlotte por haberte llevado al apartamento porque no quería verte y me vinieron unos dolores terribles. Poco después estábamos en el hospital, hablamos y todo se solucionó – comenté sonriendo mirando a Aubree.
-Sí. Nunca lo olvidaré, nunca me sentí tan feliz…

Después de salir de la habitación nos despedimos de Robert y Kevin, quienes se habían hecho buenos amigos. Kyle fue a despedirlos a la puerta y después se fue a la habitación a dormir. Allison se fue a su habitación con Cole porque quería que él durmiera con ella aquella noche, cosa que Eric no habría aprobado. Michael y yo nos fuimos a nuestro dormitorio y nos pusimos el pijama, había sido un día agotador.

-Hoy ibas muy guapa, deberías ponerte esa ropa más a menudo – me dijo Mike.
-Cielo, ¿sabes toda la ropa que tengo? Desde que estoy contigo he comprado tanta ropa que aún no he conseguido estrenar todo, aún hay prendas que tienen la etiqueta sin usar. Jamás pensé que llegase a tener tanta ropa y que no sabría qué ponerme debido a la variedad – dije riendo.
-Jajajaja, pues me gusta que tengas dónde elegir. Para eso trabajo, quiero que tú y Aubree tengáis todo lo que deseéis.
-Lo sé, pero muchas veces me parece excesivo, creo que nos mimas mucho.
-Eso quiero, mimaros porque os lo merecéis todo – dijo Mike abrazándome.
-Oye, y aparte de los negocios que tienes… ¿hay algo de ilegal en lo que tú haces? – dije sin pensar.
-¿Qué? ¿Crees que hago negocios ilegales?
-No bueno…muchas veces la gente de poder hace cosas ilícitas y quería saber si había algo que me quisieras contar.
-Cariño, todo lo que hago es totalmente legal, no os pondría en peligro a ti o a mi hija – dijo Mike en lo que parecía ser sincero.
-Está bien, eso me tranquiliza.

Por un lado le creía, pero por otro estaban las pruebas que Bruce me había mostrado, y eso sí que era totalmente creíble, no podía decir que no era Michael quien estaba en aquellas fotos para defenderle. Era él y nadie más.